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En casa, dos horas más tarde, se desvistió rápidamente y se acostó. No existían posibilidades de que la policía se enterara del crimen antes del día siguiente, pero estaba listo para el caso de que vinieran por sorpresa. Hizo desaparecer el dinero y la palanca; le dolió destruir varios cientos de dólares, pero era el único método seguro, y no representaban nada ante los cincuenta mil o más que heredaría.

El ladrón, forzando las puertas, penetró en diecinueve casas o apartamentos en un período de pocas semanas. Aparentemente enfocaba su trabajo con mucho cuidado, y no parecía una simple coincidencia que en cada casa atracada hubiese un gato.

-¿Cuánto quiere por el antídoto? -gruñó Sangstrom.

En diez años, viajando hacia adelante en el espacio y hacia atrás en el tiempo, la flota hubiera recorrido aquella distancia exacta: 186,334186,334.

-Señorita Wilson, ¿podría traer el comunicador?

Pudieron alimentarse solo una vez con la sangre de una tierna perrita, pero los canes los persiguieron hasta su máquina del tiempo y tuvieron que emprender nuevamente la huida.

Sangstrom refunfuñó y bajó la pistola, pero la dejó al alcance de la mano y sacó su billetera. Tal vez después de tener el antídoto todavía podría usar esa pistola. Contó mil dólares en billetes de cien y los colocó sobre la mesa.

El hombre tenía los puños cerrados como si debiera utilizarlos, y los dedos de la mujer estaban separados y curvados como garras, pero ambos mantenían los brazos rígidamente estirados a lo largo de su cuerpo. Eran seres civilizados.

El señor George Darnell y su esposa -cuyo nombre era Elsie, por si puede interesarles- estaban dando la vuelta al mundo en su luna de miel. En la segunda luna de miel, que empezó el día que celebraron su vigésimo aniversario de la primera. George andaba en la treintena y Elsie en la veintena en aquella primera luna de miel, con lo que, si empleo la regla de cálculo, obtengo que en el momento de nuestra historia corría por la cincuentena George y por la cuarentena Elsie.

—He escuchado sus pensamientos —dijo una voz dentro de sus cerebros—. Se preguntan si conocemos a los vampiros, sean estos lo que sean. Pues no, no los conocemos.

Durante una fracción de segundo todo se hizo borroso… después, Smedley se encontró en medio de un campo. Tardó poco en orientarse. Si allí era donde se construiría la casa del doctor Grainger, entonces la granja de su bisabuela no podía estar a más de un kilómetro y medio hacia el sur. Emprendió la marcha en esa dirección. Por el camino se adueñó de un madero que constituiría un buen garrote.

Walter B. Jehová estaba solo en el vacío y únicamente había una cosa que podía hacer: Creó el cielo y la tierra.

Nos compadecemos de él por haber perdido a su reina, a la que todos amábamos; pero como la reina de los Negros murió con ella, su pérdida no significa la pérdida de la guerra.

Durante una fracción de segundo todo se hizo borroso… después, Smedley se encontró en medio de un campo. Tardó poco en orientarse. Si allí era donde se construiría la casa del doctor Grainger, entonces la granja de su bisabuela no podía estar a más de un kilómetro y medio hacia el sur. Emprendió la marcha en esa dirección. Por el camino se adueñó de un madero que constituiría un buen garrote.

Los extranjeros, la otra única raza inteligente en la Galaxia… raza cruel de monstruos abominables y repulsivos.

Sin embargo, los reconocieron y supieron lo que eran.

Cuando las naves aterrizaban, sin embargo, era los soldados de infantería quienes debían hacerse dueños del terreno, palmo a palmo y costase la sangre que costase.

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