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Hasta ahora no hemos conocido las dimensiones del Universo en el cual vivimos.

Tres años más tarde, en 1981, todavía permanecía en el mismo estado y los médicos rusos diagnosticaron finalmente el caso y dejaron de sentirse intrigados por él.

El boticario sonrió. -Ya lo hice. Para cuando estuvo el café había decidido que usted lo merecía. Era, como le dije, gratis. Pero hay un precio por el antídoto.

-¡A quién se lo dices! -replicó el demonio, riendo burlonamente.

Hizo toda una representación mímica para darle a entender al fakir que quería comprarle la flauta, además de ofrecerle unas cuantas monedas para que le enseñase a tocar las simples y repetidas notas que hacían que la cuerda se levantase.

-Yo soy quien creó el universo que tú acabas de desaparecer con tu deseo. Y ahora has tomado mi lugar. Hubo un profundo suspiro. -Al fin puedo abandonar mi propia existencia, encontrar el olvido y dejarte a cargo.

Planeó hasta el detalle más mínimo, sabiendo que no se podría permitir ningún error y que, ciertamente, no lo cometería. Con extremado cuidado eligió la noche y la hora.

-¿Lo ven? ¡Está allí, cinco minutos antes de que yo lo coloque!

Contrató un avión para que lo llevase a una parte relativamente despoblada de la Tierra, y ocupó una posada mediante el simple procedimiento de decir a los demás huéspedes que se largaran. Empezó a dar largos paseos, pensando y soñando. Encontró un sitio que pronto se convirtió en su favorito: una pequeña colina en un valle rodeado de montañas, un magnifico escenario. Allí meditaba y dejaba crecer su euforia al analizar lo que podía hacer.

-Es muy simple de usar -le dijo-. Sujeta la barra cerca de la flor y actuará como una antena que recogerá sus pensamientos. Y así veras que al contrario de lo que piensa la gente…

Cuanto más estudiaba geometría, menos la comprendía.

Cuando las naves aterrizaban, sin embargo, era los soldados de infantería quienes debían hacerse dueños del terreno, palmo a palmo y costase la sangre que costase.

Los grandes descubrimientos perdidos III: La inmortalidad

De nada sirvió. Ni él ni ella se calmaron en lo más mínimo. En realidad, descubrieron que todavía se odiaban más cordialmente que antes.

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