Dos horas después, el ladrón apareció, forzó la casa y entró en ella. Lo cogieron con las manos en la masa, mientras se llevaba al campeón siamés bajo el brazo.

—No tienes por que agradecérmelo —observó Vron, ceñudo—. Hemos llegado al fin del trayecto. Se nos ha terminado el combustible y aquí no encontraremos… a la sazón todos los compuestos radiactivos deben de haberse convertido ya en plomo. Viviremos aquí… o moriremos.

Eso era todo lo que necesitaba para empezar un negocio en grande. A finales de la semana ya era rico; pedía prestado a todos los conocidos, incluidas amistades superficiales que ocupaban puestos sobresalientes en la jerarquía del bajo mundo y que, por lo tanto, eran bastante solventes, ordenándoles después que olvidaran el hecho. Se cambió de su hotelucho a un apartamento de soltero, y no es necesario decir que nunca dormía solo, a no ser por propósitos de recuperación.

Era un científico aficionado. Para su investigación, necesitaba gatos, los gatos robados eran llevados a su casa y piadosamente entregados al sueño eterno. Luego, cremaba a los gatos en un horno para cumplir sus fines.

Le hizo temblar el espectáculo de aquel ser tumbado a sus pies. Uno puede acostumbrarse a ello después de un rato, pero él no lo había logrado nunca. ¡Eran unas criaturas tan repulsivas, con solo dos brazos y dos piernas, y una piel horriblemente clara y sin escamas…!

Sin fe no somos… Pero ¡ha ocurrido algo! Nuestra torre, la que estuvo en el lado del campo de la reina desde el Principio, se abalanza sobre el malvado rey Negro, nuestro enemigo. Lo ataca… y no puede defenderse. ¡Hemos vencido! ¡Hemos vencido!

El farmacéutico lo interrumpió levantando la mano. -Sí, importa. Debo estar convencido de que merece lo que yo le puedo dar. De otro modo-. Se encogió de hombros.

-Faltan seis minutos para las tres. Ahora activaré el mecanismo -puso el cubo sobre la plataforma- a las tres en punto. Por lo tanto, a las tres menos cinco, el cubo debería desvanecerse de mi mano y aparecer en la plataforma, cinco minutos antes de que yo lo coloque sobre ella.

Tres años más tarde, en 1981, todavía permanecía en el mismo estado y los médicos rusos diagnosticaron finalmente el caso y dejaron de sentirse intrigados por él.

Y estaba equivocado, muy equivocado. Dios existe, y es un Dios tan misericordioso que perdonará tu herejía, porque en ti no había maldad, Tibault, sino solo duda; no, la duda es un error, pero no es maldad.

-Cuando yo aproxime la mano, se desvanecerá de la plataforma y aparecerá en mi mano para que yo lo coloque sobre ella. Las tres. Presten atención, por favor.

…Hacia una caja monstruosa, y yo veo que es un enorme ataúd en el cual ya yacen muchos muertos…

Tomó de la estantería su mejor obra de magia negra.

-Cuando la carta esté en el correo, podré regresar con tranquilidad aquí y darle el antídoto. Le alcanzaré lápiz y papel. Ah, otra cosa - aunque en realidad no insisto en ello. Por favor ayude a esparcir el rumor sobre mi veneno indetectable, ¿quiere? Uno nunca sabe, señor Sangstrom. La vida que se salva, si uno tiene algún enemigo, puede ser la propia.

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